Trepando lomitas de angostos senderos,
percibo el olor a poleo,
tomillo, carqueja, tusca y romero,
tapizando el suelo de bellos colores,
las verbenas rojas, azules y blancas
por entre las piedras, doradillas y verdes helechos.
De los matorrales salen asustados
torcazas, perdices y chillones teros,
quizás una liebre o pequeños cuises
buscando refugio en un agujero.
Mandiocas, zorzales, calandrias y reinas
quiebran el silencio de frescas quebradas
posándose airosos
en molles, chañares, quebrachos y talas.
Aquí un piquillín, mistol o algarrobo
ofrecen sus frutos, su sombra y madera
con ellas fabrican muebles,
el techo, ventanas y puertas
y también el mango de sus herramientas.
Con paciencia tallan la blanda madera
y, cual artesanos
de sus manos sale la útil batea.
¿Quiere una escoba?
Corte pichanilla, carqueja o romero.
¿Va a techar su casa? Busque paja brava
No hay nada mejor para el aguacero.
¿Quiere quitar manchas?
Use tola y yuca, jabón natural,
de tintorería quedará su ropa, lista en el perchero.
Las quintas de TOSNO
ese es otro tema,
allí se engalana, cada primavera
con los durazneros, perales y ciruelos
manzanos, damazcos, nogales, membrillos...
de solo nombrarlos, se hace agua la boca
pensando en los dulces
sobre el pan casero.
¡Oh, cuanta riqueza
Dios nos entregó!
a TOSNO, a su gente,
una bendición.
Lilianis "Joyi" Artaza Luna